¿Agua caliente o fría? Descubre los beneficios de las distintas temperaturas del agua

La temperatura del agua del baño es importante para conseguir un efecto relajante, aliviar contracturas o mantener la salud de nuestra piel. Según algunos expertos, las duchas deben ser cortas (15 minutos como máximo) y con una temperatura media de entre 25 y 30 grados. Aún así, elegir agua caliente o agua fría en ellas también depende de otros factores, entre ellos la temperatura ambiente, la temperatura corporal de cada persona o el efecto que queramos conseguir.

A continuación te damos algunos consejos para la ducha perfecta en cualquier momento del año.

Agua caliente para relajarnos y prevenir lesiones

¿Quién puede resistirse a una relajante ducha de agua caliente durante los meses de invierno? Lo cierto es que los beneficios del agua caliente en nuestros baños diarios son muchos. El agua caliente, especialmente durante los meses de invierno y tras una larga jornada, nos ayuda a aliviar el dolor muscular y de las articulaciones asociado con artritis, desgarros musculares y trabajo excesivo.

Además, el calor del agua estimula la circulación al tiempo que afloja tendones y tejidos que pueden estar rígidos. Esta “distensión” puede ayudarnos a prevenir lesiones, y por eso los baños de agua caliente se aconsejan como preparación antes de realizar ejercicio. También cuando nos levantamos para ir al gimnasio o a la oficina: la ausencia de rigidez, especialmente en cuello y espalda, nos permitirá a afrontar el día con más energía.

Otro de los beneficios del agua caliente es que facilita la limpieza de nuestra piel: a veces, los poros “obstruidos” originan manchas y acumulan toxinas en las capas superiores de la misma. Una ducha de agua caliente (si es con vapor, mejor) abrirá estos poros y eliminará impurezas y toxinas. ¿La opción perfecta? Que, después del agua caliente, nos enjuaguemos con agua fría para cerrar los poros y mantener la sensación de frescor y limpieza durante más tiempo.

Las duchas de agua caliente también están muy recomendadas para aliviar los síntomas de resfriados, más habituales en los meses invernales. Una temperatura del agua alta en estos casos actuará como descongestionante, mientras que el vapor servirá como hidratante natural para los conductos nasales.

Por último, nada mejor que un baño de agua caliente para terminar un largo día: es un “sedante natural”, que te ayudará a calmar cuerpo y mente. Acompáñalo con un aceite de lavanda y el sueño conciliador está garantizado. Este resultado tiene, además, una explicación biológica: cuando salimos del agua caliente nuestro cuerpo experimenta una ligera disminución de la temperatura corporal que hace que el cerebro se adormezca.

 

Duchas y baños refrescantes para el verano

Ya hemos visto los beneficios del agua caliente en las duchas pero, ¿qué pasa si nos apetece una ducha de agua fría, especialmente en los meses más calurosos?

Como en tantas otras cosas, la clave está en encontrar el punto intermedio. Los baños de agua caliente tienen muchos beneficios, pero también pueden llegar a ser nocivos si la temperatura  está demasiado alta (se considera así cuando sobrepasa la temperatura corporal) o si los alargamos durante mucho tiempo.

Es por eso que los dermatólogos recomiendan las duchas de agua fría o templada no sólo en verano, sino durante todo el año. Estas duchas frías, además de ayudarnos a combatir el calor, nos despejan, mantienen alerta al cerebro y estimulan el metabolismo, lo que nos ayuda a estar activos y quemar más grasas.

Otros beneficios del agua templada o fría en las duchas son:

  • Mejora el aspecto de nuestra piel.
  • Calma el picor.
  • Previene la aparición de arrugas.
  • Frena la aparición y el crecimiento de varices.
  • Aumenta la circulación sanguínea.
  • Mantiene el pelo menos graso y más brillante.

 

¿Cuál es la temperatura ideal para una ducha perfecta?

Pese a su efecto relajante, bajo el agua caliente de forma prolongada la piel puede llegar a deshidratarse. La explicación es la siguiente: al aumentar la temperatura,  la circulación se acelera provocando que las células se inflamen y que podamos experimentar sensación de picor, tirantez, irritación o inflamación.

Además, si nos duchamos todos los días con agua muy caliente, podemos eliminar la capa natural de grasa que protege nuestra piel. Es por esto que las personas con pieles sensibles o con acné deben evitar los baños a temperatura elevada: su piel puede resecarse y producir un desequilibrio lipídico que empeoraría las lesiones propias de ambas patologías.

Por otra parte, y aunque los beneficios del agua fría en las duchas son muchos, hay personas que se resisten a ella porque son demasiado frioleras. En este caso, es básico controlar la temperatura del cuarto de baño y disminuir la temperatura de la ducha poco a poco.

La clave para encontrar la temperatura de la ducha es equilibrar temperatura ambiental, temperatura corporal y temperatura del agua. La opción más segura, independientemente del momento del año, es la ducha templada, que está en torno a los 30 grados: por debajo de los 25 se considera una ducha fría y por encima de los 38, una ducha caliente.

Por último, estos consejos te ayudarán a sacar el máximo partido a tu baño:

  1. Una vez termines tu baño o ducha, baja la temperatura del agua al mínimo, durante un máximo de 30 segundos.
  2. Después, eleva la temperatura de nuevo, llegando hasta los 40 grados, paraincrementar el riego sanguíneo y abrir tus capilares.
  3. Y termina siempre con agua fría para cerrar los poros y salir de la ducha con sensación de frescor.

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